El
pulsómetro nos sirve para conocer en tiempo real, nuestra frecuencia cardiaca,
establecer las zonas de entrenamiento y dosificar mejor el esfuerzo. El
ritmo cardiaco varía según la edad y la actividad que haga la persona. Al
hacer deporte con asiduidad las pulsaciones en reposo bajan. Principalmente por
dos motivos: el corazón se especializa mejor en bombear la sangre y, si el
ejercicio se mantiene con el paso de los años, el corazón aumenta de tamaño,
por lo tanto en cada latido envía más sangre.
La
Frecuencia Cardiaca Máxima es el mayor número teórico de latidos por minuto que
puede tener una persona. Las mejoras cardiovasculares y pérdida de grasa se producen
entrenando entre un 60% y un 80% de la F. C. Max
Utilizando
el pulsómetro podemos saber rápidamente el ritmo mínimo que debemos llevar
durante el ejercicio cardiovascular para obtener beneficios. En primer lugar,
se debe determinar la frecuencia cardíaca máxima; la forma más simple de
obtenerla es restarle nuestra edad a 220. Por ejemplo, si tenemos 30 años, el
ritmo cardíaco máximo sería 190 (220 -30 = 190)
El
ritmo mínimo debe ser un 60% del ritmo cardíaco máximo. En el ejemplo anterior,
el valor para alguien de 30 años sería de 114 (0,60 x 190 = 114). Los días de
entrenamiento más duro tendrían que rondar el 80% del ritmo cardíaco máximo,
por lo que en este ejemplo sería 152 (0,80 x 190 = 152). Utilizando un
pulsómetro muchos corredores descubren que están entrenando por encima de lo
recomendable y muchos otros por debajo. Una vez que aprenden a reducir o
incrementar la velocidad en carrera conforme a estos datos, la recuperación,
condición física y resultados mejoran notablemente

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